viernes, 14 de agosto de 2015

357



Yo estoy tumbado en el suelo, tú eres un problema que no me deja en paz… yo me desespero por no verte partir, tú te ríes de mí con carcajadas infantiles… yo no comprendo lo que pasa, a ti te da todo igual… yo apenas puedo moverme, tú saltas sobre mi cuerpo como si fuera un juego… yo lo veo todo en blanco y negro ensombrecido, tú pareces no ver más allá de tus estúpidos sueños… yo soy un adulto que quiere morir, tú eres un niño que te niegas a desaparecer… yo no consigo quitarme este tumor del cerebro, tú formas parte de él… yo soy real,  tú eres una simple alucinación… creo… yo me caí al suelo, tú no puedes dejarlo estar… yo suelto gruñidos por mi boca partida, tú no dejas de reír e insultarme… aun no comprendo qué he podido hacerte, y tú no sabes ni quién soy yo… te digo que te vayas, que me dejes en paz, que te olvides de mí, tú no sólo me adviertes de que sin ti no soy nada sino que también me dices que ya no estás conmigo… intento levantarme, tú me golpeas… me quejo en silencio, tú juegas a vaqueros e indios… tengo intención de matarte, tú sabes que no puedo hacerlo… te miro con ojos inyectados en rabia, tú me miras con toda la inocencia que te permite la edad… yo no tengo más de cuarenta y cinco años, tú no tienes más de nueve… te pregunto por tus padres y tú me preguntas por los míos… yo no sé qué responder, tú no quieres decir… me invitas a jugar en la plaza, yo te digo que me olvides… te pido que enciendas una luz, tú te niegas porque aún es de día… te pregunto cómo has entrado en casa, tú me dices que siempre has vivido aquí… te respondo que no, que eso es imposible, tú me miras y te quejas del espectro que vive en tu habitación… te pregunto quién es, y tú te ríes antes de decir que soy yo… yo ya no sé quién soy, tú no sabes quién puedo ser… me preguntas si quiero jugar, yo hace años que dejé de hacerlo… me hablas de juegos que hace tiempo disfruté y de los que apenas me acordaba, tú sonríes y enseñas unos pequeños huecos en tus encías rosadas… te digo que te vayas, que estoy cansado, tú me dices que si no quiero jugar que me olvide de ti… te digo que esta es mi casa, me dices que eso es mentira… te enseño mis heridas y te digo que no puedo moverme, tú te das la vuelta y cantas una canción… te pido que busques ayuda, tú te haces el sordo y sigues murmurando… yo cierro los ojos, tú enciendes la radio… yo quiero que todo esto acabe, tú no sabes ya qué hacer… te pregunto por el colegio, tú respondes que es un rollo pero que te lo pasas bien… me preguntas que qué quiero ser de mayor, yo respondo que niño otra vez… confiesas que quieres ser escritor, yo te digo que hace tiempo que tuve el mismo sueño pero que tuve que abandonarlo… me preguntas por qué y me llamas cobarde, yo no sé qué responder y tuerzo la mirada avergonzado… te digo que he dejado de soñar y tú no dices nada… me intento levantar y tú vuelves a golpearme… me dices que continúe en la misma posición, yo quiero irme de aquí… me enseñas tu último cuento escrito en dos folios arrugados, yo  te muestro mis bolsillos vacíos… me hablas de tu hermana, yo no recuerdo  a mi familia… te gusta jugar con tus amigos, yo perdí los míos a lo largo de los años… me miras con ojos resignados y dices que te doy mucha pena, yo tengo que aguantar las lágrimas que pinchan mis ojos… me preguntas cómo he llegado hasta aquí, yo te cuento mi caída… me preguntas cómo sigo viviendo, yo te digo que sólo quiero morir… aclaras que no te extraña, yo asiento con la cabeza… vuelves a decir que te doy mucha pena, yo tengo ganas de golpearte en la cara… dices que has quedado para jugar al rescate, yo cierro los ojos y te despido… tú ríes, yo quiero dormir… sales de la habitación, yo no puedo ni moverme… tú eres libre, yo creí serlo… duermo…

jueves, 30 de julio de 2015

356



-Tengo ganas de irme lejos, de esconderme en una casa perdida en la montaña y no volver a ver un puto ser humano en mucho tiempo.

-¿Ni siquiera a mí?

-Mujer, a ti sí. Claro que sí.

-¡Ah, pensaba que no querías saber nada de ningún ser humano!

-Pero tú eres distinta.

-¿Distinta? ¿En qué sentido?

-Pues… Distinta… Simplemente… Y que te quiero.

-¿Y eso me hace distinta al resto del género humano?

-Lo eres para mí.

-Pero no significa que sea diferente a esos hijos de puta de los que huyes.

-Yo no huyo.

-Bueno, lo que sea. Eso es lo de menos.

-Sí, pero no huyo. Huir es de cobardes.

-¿Te escondes?

-También es de cobardes.

-¿Entonces?

-Simplemente quiero vivir aislado del resto de mi especie.

-Eso mismo. Entonces hemos quedado que si no me quisieras me considerarías igual que los otros.

-Puede ser.

-Entonces, soy como ellos, con los mismos defectos e idénticas bajezas.

-Claro, y yo.

-Pero yo me creía distinta.

-Lo eres, cariño.

-¿Porque me amas?

-No, porque lo eres.

-Distinta a quién, en qué. ¡No soy distinta a nadie! ¡Soy como ellos! ¡Soy como tú!

-Yo no soy como ellos.

-Ah, ¿no? ¿Y eso por qué?

-Yo soy consciente de cómo soy y trato de…

-¿Huir?

-No, de vencer mis propias limitaciones.

-Joder, suena a pastiche religioso. ¿Eso lo has aprendido tú solo o lo has leído en algún lado?

-Búrlate. Pero al menos nunca seré como el resto.

-¿Crees que eres el único que quiere irse a la montaña y no volver a ver a otro ser humano en su puñetera vida? ¿De verdad te crees el único que odia esta puta sociedad?

-El resto me importa poco.

-Si no me hubieras conocido, yo también sería el resto.

-Bueno, siempre hay gente que vale la pena.

-¿Cuánta gente?

-No sé. Gente. Es imposible calcularlo.

-Hasta que los conoces.

-No, cuando los conoces puede que los odies más.

-Sí, en realidad puede que tengas razón. Estoy convencida de odiarte más que si no te hubiera conocido.

-¿Qué estás diciendo? ¿Acaso no me quieres?

-Sí, pero también te odio. Más de lo que puedo odiar al resto. Porque a ti te conozco.

-Pero yo no te odio. Es un argumento absurdo

-Da igual. Es un argumento que tú mismo has defendido hace menos de un minuto.

-Pero no me refería a nosotros. Hablaba en general.

-Nosotros somos generalidad. No somos tan especiales.

-Lo somos, porque somos nosotros.

-Y el resto son el resto.

-Sí, pero son grises y tediosos.

-A sus ojos, tú y yo somos iguales a ellos.

-Pero no a los nuestros.

-No estoy segura.

-¿No crees que tenemos algo que ellos no tienen?

-Tenemos algo que todo el mundo tiene.

-Pero cuando hablas con ellos… Cuando intentas mantener una conversación…

-Ellos opinan lo mismo de ti.

-¿En serio?

-Completamente.

-¿Soy igual al resto de la humanidad?

-No, eres tú. Pero al ser tú, también eres como el resto.

-No comprendo.

-Yo tampoco.

-Esto es demasiado para un jueves por la tarde.

-¿Follamos?

miércoles, 29 de julio de 2015

355



E. abre la puerta del coche, se acomoda en el asiento del copiloto con total tranquilidad, y fija la mirada impasible y abstraída en el salpicadero. J. observa a E. mientras agarra con desidia el volante. Estudia por unos instantes al hombre sin decir palabra, para después acelerar y salir a la carretera sin demasiada prisa.
-¿A dónde vamos? –pregunta J. con cierto aburrimiento en su tono.
-Donde sea. Me da igual. Lejos de aquí. –contesta E. con la vista clavada al frente.
-De acuerdo.
-De acuerdo…
-No tengo prisa.
-¿Cómo?
-No tengo ninguna prisa. Cuando y donde me diga, paro.
-No hace falta que pare. Usted conduzca lo que tenga que conducir.
-Entonces, a donde sea.
-¿No se desviará demasiado de su ruta?
-No tengo ninguna ruta.
-¿Ningún sitio a dónde ir?
-El único sitio al que quiero ir es al que usted me diga.
-Ya veo.
-Y ni de eso estoy convencido. –Cae el silencio. J. mira a E. de soslayo.- ¿Por qué se ha metido en mi coche?
-No lo sé. Quizá porque era el único que estaba parado al lado del arcén.
-No me había dado cuenta.
-¿Qué hacía ahí?
-¿Ahí dónde?
-Parado… al lado del arcén.
-Pensaba.
-¿Pensaba?
-Sí, pensaba.
-¿Y en qué pensaba?
-No lo recuerdo.
-Suena raro.
-Mi vida es demasiado rara.
-No creo que más que la mía.
-Apueste.
-No me gusta apostar.
-Era una forma de hablar.
-Aun así.
-Retiro la apuesta. -Silencio.- ¿Y ahora qué?
-¿Qué de qué? -contesta E.
-¿Qué pretende hacer?
-No lo sé. Tampoco me importa. Sólo me dejo llevar.
-Como yo.
-¿Cree que es la mejor opción?
-Lo desconozco. En realidad… ¿qué otras opciones quedan?
-¿El suicidio?
-¿Pretende que me quite de en medio, así, por las buenas?
-No pretendo nada.
-Parece que no le caigo muy bien. –dice J. visiblemente molesto.
-No sé a qué se refiere. Usted no me cae mal. La verdad es que ni siquiera me cae. Apenas le conozco.
-Aun así, quiere que me quite la vida.
-Yo no quiero que se quite nada. Me da lo mismo lo que usted haga. Sólo he dicho lo del suicidio como una opción a tener en cuenta. Pero tanto para usted como para mí.
-Mire, amigo, si quiere morirse, hágalo, pero no me meta en sus historias truculentas.
-No son historias truculentas. Y no quiero morir. Sólo que…
-¿Qué?
-Que me he cansado de luchar.
-Normal. Yo estoy reventado.
-Total, ¿para qué?
-Para otra hostia bien dada en la cara.
-Eso con suerte.
-Exacto.
-Así que lo mejor es… dejarse llevar.
-Como usted y yo ahora.
-Tal y como usted y yo en estos momentos.
-¿A dónde vamos?
-¿A quién le importa?
-¿No le espera nadie en casa?
-¿Qué casa?
-No he preguntado nada.
-¿Y a usted?
-¿A mí? Bueno, supongo que alguien me espera. Alguien… pero ya no espera… Se cansó… Y yo nunca llegué… No como antes… Nunca volví a llegar como antes… No… Simplemente se cansó.
-Lástima. Suena triste.
-Lo es. Todo es tan triste que dan ganas de vomitar.
-Si tiene intención de hacerlo, avise y detengo el coche. No quiero que me ponga todo perdido.
-No tengo ganas de vomitar. Es una frase hecha.
-No lo entiendo.
-No hay nada que entender. Es tan sencillo como suena. Si es que suena. ¿Qué hace usted aquí?
-Conduzco el coche.
-Puede…  Puede que sea cierto y puede que no.
-¿No me ve conduciendo? Mire, ahora tuerzo el volante y giramos a la izquierda. Eso sí que es sencillo. Y real. Como la vida misma. Tan sencillo, estúpido y real como todo lo que nos rodea. ¿No lo cree así?
-Ya no creo en nada. Ni en usted. Ni siquiera en usted. Es más, no creo que esté conduciendo. ¿Es esa su misión en la vida, conducir esta puta mierda de coche?
-No creo que sea mi misión, pero es lo que estoy haciendo. Mire, ahora vuelvo a girar. Si no estuviera aquí, ¿cómo se movería el coche?
-¿Quién le ha dicho que existe el coche?
-Nadie. Lo veo con mis propios ojos.
-Unos ojos que quizás ni siquiera estén mirando.
-Me está poniendo nervioso, ¿sabe?
-Me da igual.
-¿Por qué no se ha subido a otro coche?
-Era el único que…
-Sí, ya sé. El único que estaba parado al lado del arcén. ¡En qué momento lo hice!
-Para pensar.
-Exacto, para pensar. Y ni siquiera puedo recordar en qué cojones pensaba.
-No sería importante.
-O ni siquiera estaba ahí pensando.
-Puede ser.
-Sí, puede que no estuviera ahí, y tampoco esté aquí, y que todo esto sea… ¿Qué sería todo esto?
-Una ilusión.
-¿Una ilusión? ¿De quién?
-No lo sé. Quizá de alguien que nos está pensando.
-¡Oh, muy bonito! ¡Ya me quedo más tranquilo! Alguien me piensa y hago lo que él quiera.
-O simplemente le sueña. No es consciente de su existencia.
-Ah. Es curioso. Muy curioso.
-¿El qué?
-La cantidad de tonterías que suelta usted por la boca. No me extraña que quiera huir. ¿De verdad alguien le ha querido alguna vez?
-¿Le extraña?
J. se encoge de hombros.
-Bueno, casos más raros he visto.
-¿Usted?
-Yo no soy raro.
-¿Comparado con quién?
-Déjelo.
El coche se detiene en una explanada apartada de la ciudad y completamente desolada. Nubes grisáceas cubren el cielo y amenazan tormenta. J. apaga el motor del coche.
-Ya hemos llegado.
E. mira a su alrededor.
-¿A dónde?
-A donde sea. Baje del coche. Se acabó el viaje.
-Tiene razón.
-Es un buen lugar donde empezar, ¿no cree?
-Aquí no hay nada.
-Bueno, eso es lo que usted cree. Todo lo que ve no existe, ¿verdad?
-Yo no he dicho eso.
-Da igual lo que haya dicho. Salga del coche. Este es un comienzo como otro cualquiera.
-Sí. O un final.
-Para nuestra conversación y amistad, sí.
E. se baja del coche. J. arranca el motor y sale de allí pisando el acelerador. E. observa el vehículo alejarse y perderse entre las nubes de polvo que sus ruedas levantan. Suspira sin darse cuenta y se sienta en el suelo esperando que no haya tormenta. Nada más que decir.